
A semanas de su muerte, los analistas opinan que la decisión ha sido un éxito sin precedente.
Para muchos, este simple acto le da a Obama la posibilidad de lograr la reelección. Para otros, el asesinato de Bin Laden canceló la oportunidad de tener información de primera mano.
Pero, ¿cuáles pudieron ser las razones para ordenar su muerte y lanzar su cuerpo al mar y no su captura? ¿Qué hubiera hecho el gobierno estadunidense con Bin Laden? Sólo se puede especular, pero al parecer Osama prisionero se hubiera convertido en un riesgo de seguridad.
Una opción al capturarlo hubiera sido llevarlo a la prisión de Guantánamo, donde continúan prisioneros cientos de presuntos terroristas. Esto hubiera recordado a los estadunidenses que Obama prometió en campaña cerrar la base y aún no lo hace. Por otro lado, torturarlo para obtener información sería políticamente impensable y, por lo tanto, el valor estratégico de tenerlo vivo para obtener información, perdería sentido.
Otra opción hubiera sido llevarlo a juicio en Nueva York.
Pensar en un juicio abierto al público, en donde se cuestione y condene la política norteamericana se convertiría en un espectáculo sin duda negativo para el gobierno y ni hablar del dolor de cabeza en materia de seguridad que esto representaría. La controversia alrededor del juicio, y los gastos del mayor enemigo público, podrían haber sido fatales para la popularidad de Obama.
Someterlo a la jurisdicción de la Corte Penal Internacional hubiera sido improcedente, ya que dicho organismo únicamente tiene jurisdicción sobre crímenes ocurridos después de 2002. Por otro lado, someterlo a la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia, en La Haya, hubiera sido muy riesgoso, ya que dicho órgano no contempla la pena de muerte. Existía la posibilidad de que Bin Laden lograra la libertad, y un juicio público levantaría un debate alrededor de la política exterior estadunidense.
Osama vivo pudo haber levantado un culto de superhéroe, al estilo norteamericano. Un personaje que, a pesar del poderío militar norteamericano, sobrevive a cualquier amenaza. Un superhéroe enemigo de los estadunidenses no es la mejor propaganda para lograr la reelección. Además de los inimaginables escenarios de chantaje que sus seguidores podrían llevar a cabo para liberarlo.
Por otro lado, su muerte presenta a Obama como el Presidente decidido y con fuerza. La percepción del líder débil ante la amenaza terrorista desparece. Muerto Bin Laden y, supuestamente desintegrado Al-Qaeda, se abre la posibilidad de salir de Afganistán sin hablar de un fracaso militar, ni de estrategia.
Pero ¿por qué no enseñar el cuerpo y tirarlo al mar? Por un lado, sepultar a Bin Laden antes de 24 horas respeta las normas religiosas musulmanas, al mismo tiempo que no crea un lugar para adorarlo. Por otro lado, es una señal de fuerza y poder inequívoca, que contrarresta la visión de debilidad de una potencia que durante diez años no pudo detener a su gran enemigo.
Para muchos, el único riesgo del asesinato era la comunidad internacional. Pero, ante la nula reacción y condena por parte de la misma, la decisión ha sido, sin duda, un éxito político.
* Profesora de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Anáhuac, México Norte.
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